¿ACOSTUMBRAMIENTO?

 

En los últimos meses nos hemos habituado a recibir a diario noticias de muertes por atentados y venganzas mafiosas. No unos cuantos casos sino cientos  de asesinatos, miles en lo que va del año.

 

El caso de los veinticuatro muertos aparecidos en La Marquesa plantea además algunas dudas respecto del motivo de las muerte de por lo menos un buen número de estas personas. ¿Realmente tenemos que leer este acontecimiento como un  ajuste de cuentas entre delincuentes vinculados al tráfico de drogas o comienza a despuntar un nuevo tipo de violencia, destinada a generar pánico explícito en la población?

 

Lo de la noche del 15 de septiembre en Morelia no nos deja duda alguna. El asesinato a mansalva de personas que participaban de la ceremonia del grito de independencia tiene a mi juicio dos objetivos: advertencias mafiosas entre delincuentes y funcionarios y generación de terror en la población: el mensaje es sin duda, mañana puede ser en cualquier  otra ciudad y  en el marco de cualquier tipo de evento masivo.¿No se nos ocurre que mañana por ejemplo, escuchando un concierto en la Plaza de la Constitución o en cualquier lugar público podríamos morir de manera absurda, víctimas de esta lucha cada vez mas violenta por espacios de poder y de dinero? ¿No se nos ocurre pensar que aunque no nos toque a nosotros, las víctimas podrían ser familiares, amigos o conocidos? ¿Si nos tocara vivir esa desgraciada experiencia, recién en ese momento cambiaría nuestra percepción de lo que está ocurriendo y nuestro compromiso respecto de lo que  deberíamos hacer? Son preguntas nomás, que hago y que me hago.

 

Las noticias de México comienzan a parecerse a las de Irak o Afganistán. Nada más que en esos países ocurre una invasión de potencias extranjeras, que entre otras cosa han exacerbado los enfrentamientos tribales y religiosos.

 

¿Qué vamos a hacer y decir de ahora en más los ciudadanos comunes? Lanzo la pregunta y me la lanzo. ¿Esperaremos pasivos respuestas de las instituciones?

¿No nos sentiremos verdaderamente afectados hasta que un amigo o familiar resulte víctima de esta espiral de violencia que crece exponencialmente y que este año ha rebasado todo lo que hasta hace muy poco pudiéramos haber imaginado?

¿Tomaremos café y nos quejaremos o nos escandalizaremos casi concientes de nuestra real indiferencia más allá de nuestros comentarios respecto de “lo que está ocurriendo en México”?

¿De que se está tratando la vida cotidiana en  el México de hoy me pregunto? ¿De que se va a tratar? ¿De que queremos que se trate? ¿Qué vamos a hacer para que así sea?

Lo que ocurrió ayer en Morelia no es un acontecimiento más. Si no queremos darnos cuenta de eso es otra  cosa, y entonces, lo digo no desde el lugar de la religión, sino desde una expresión muy popular y muy adecuada en este caso “que dios nos agarre confesados”

Un triste y preocupado saludo a todos los lectores de “el sitio”

 

                                           Gerardo Daniel Cirianni

 

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