UN ASOMO A LA LECTURA

 

 

Por Luz María Peregrina Ochoa

 

Buscando los intereses y lenguajes de los lectores jóvenes

 

Los adolescentes viven una etapa de la vida en la que, en general, se revelan con mayor claridad contra el “deber ser”, contra lo establecido, contra la injusticia. Se indignan ante la incapacidad del mundo de los adultos para resolver el hambre, la guerra, la miseria, la corrupción, el autoritarismo, la intolerancia. A veces, la impotencia que los jóvenes sienten por no poder concretar cambios que orienten este mundo a modos de vida mejores y menos contrastantes, los hace crear lenguajes por medio de los cuales se expresan a toda hora y en todo lugar.

 

Esos lenguajes pueden tener que ver con la manera de vestir, las conductas personales y sociales, las preferencias musicales, los lugares donde se reúnen, las maneras en que se divierten, los objetos que consumen y por supuesto con la manera de hablar y hasta con los textos escritos preferidos. A pesar de esto, predomina la creencia de que los jóvenes no leen, cuando probablemente lo que ocurra es que lean poco de los textos marcados por la escuela y por el canon literario. Esta observación seguramente fue considerada en el diseño de la colección TKE? de la editorial Ríos de tinta, cuyos títulos recogen temas de interés para los adolescentes; un ejemplo es el libro El nuevo rock en México, de Rodrigo Farías Bárcenas.

 

Es común que un solo número de una revista de rock, o de sexo, pase por las manos y los ojos de una decena de jóvenes. También los libros circulan por medio de préstamos o intercambios entre ellos; sólo que los temas de interés que predominan, suelen estar relacionados con el mundo de otros adolescentes o, en su defecto, con generaciones cercanas a ellos, aún cuando sean historias de jóvenes de otra época.

 

Por ejemplo, se ha dado el caso de ver a alguno que otro adolescente leyendo, por recomendación o por descubrimiento personal, Las batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco, novelas de José Agustín o algún cuento de Luis Arturo Ramos. Como pueden darse cuenta, son tres autores de generaciones diferentes de la literatura moderna mexicana, pero los tres han abordado temas relacionados con los jóvenes de su tiempo.

 

Aquí la tarea del maestro podría consistir en indagar por qué y cuáles son las lecturas que interesan a sus alumnos, por escasas que sean. Esto no quiere decir que deje de observar cuáles son los materiales escolares que les podrían atraer. Al contrario, tener datos de los dos espacios de lectura, dentro y fuera de la escuela, le permitirá al docente ampliar su criterio para leer y seleccionar libros que inviten a sus alumnos a compartir prácticas de cultura escrita.

 

Los adolescentes sufren un largo período de inadaptación en el que no se identifican con el mundo de los chicos, pero tampoco con el de los grandes. Su cuerpo está en constante transformación: físicamente ya no son niños pero tampoco adultos.

 

Estos cambios drásticos emocionales y físicos les producen una fragilidad que va de la pasividad a la ira, de la calma a la impaciencia, de la euforia a la tristeza, de la infelicidad a la insatisfacción. Pero también es una etapa caracterizada por grandes alegrías, como las primeras salidas y viajes entre amigos sin compañía de los adultos; los primeros amores y las primeras relaciones sexuales; los primeros trabajos informales que les van enseñando a enfrentar la vida y a ganarse unos pesos. El comienzo de ser responsables y dueños de su cuerpo; la iniciativa y la decisión de organizarse con amigos para lograr sus primeros proyectos solidarios y por amor al arte, como participar en campañas de alfabetización o formar su banda de rock. Es una etapa de la vida en la que los muchachos están llenos de energía y avidez.

 

Todas esas vivencias tan intensas, han sido recreadas por distintos autores, y para cualquier joven es muy reconfortante poder sentirse identificado, a través de esas emociones, con personajes literarios que pasan por experiencias similares a las de él. Por supuesto que los docentes tenemos la obligación de ofrecer un panorama amplio en temas, estilos y géneros literarios, pero este motivo de identificación podría ser un buen pretexto para acercar a la lectura a los más resistentes.

 

Novelas cortas como El camino fácil, de Brian Doyle, editorial Ríos de Tinta, ofrecen una serie de anécdotas que darían pié a largas conversaciones entre los alumnos y el maestro, porque la lluvia de experiencias personales por medio de la evocación o la identificación no se harían esperar.

 

Desde la perspectiva de los adolescentes, el mundo construido por los adultos está lleno de errores; así que para ellos es muy difícil aceptar discursos con mensajes o moralejas, donde los mayores instruyen a los menores acerca de cómo ser o de lo que se debe hacer. Por eso es importante elegir textos que valoren la manera de pensar y de ser de los jóvenes. Los libros también son un espacio de reconocimiento, donde, entre otras cosas, ellos se informan de lo que les interesa. Textos informativos sin moralinas y sin prejuicios, como Artistas de la piel, de Alfredo Nateras, editorial Ríos de Tinta, podría ser de interés.

Continuará…

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