“SUCINTA RESEÑA”

3a PARTE DE

Cuautla

Sucinta reseña de la heroica ciudad, cabecera de distrito

en el estado de Morelos, 1907.

Quiero hacer figurar todavía en este capítulo consagrado a los templos el de San Diego, hoy convertido en bodegas del Ferrocarril Interoceánico, es decir, muerto para el culto católico, pero viviendo aún como reliquia sagrada de una epopeya admirable.

                El edificio es sombrío, y debe haberlo sido desde que comenzó a vivir: una sólida barda de cal y canto separa de la vía pública el que fue atrio del templo, al que se llegaba entrando por un gran portal de cantera oscura amarrada a los sólidos muros; la nave es amplia, de bóvedas achaparradas y en su ábside guarda indicios de haberse levantado allí el altar consagrado al Santo. Por la parte de afuera, sobre uno de los ángulos del edificio, el expuesto al norte, se alza delante de las bóvedas la torre, no muy alta, nada hermosa y desprovista en su estado actual de las campanas que sin duda repicaron cada vez que los insurgentes lograban una victoria, y debieron doblar por sí solas cuando el enemigo triunfó. Así como se encuentra ahora la melancólica torre, da idea de un centinela mutilado firme en su puesto aún después de concluida la batalla.

                Difícil es al contemplar esa reliquia no recordar los altos hechos de que fue testigo, cuando el acreditado general calleja, que veía con desdé y hasta con sarcasmo a los bisoños soldados de Morelos, marchitó sus laureles en los muchos asaltos que dio a la plaza de Cuautla. En un pequeño folleto que publiqué en 1904, escribí lo que copio, refiriéndome a una conversación sostenida con el señor Muñoz de Cote, jefe político del Distrito, a propósito de la épica lucha. Y sobre el terreno en que se la sostuvo.

                “Estamos en el teatro de los primeros sucesos del famoso sitio de 1812 –me dijo–. Las columnas de ataque formadas por disciplinados batallones al mando de renombrados jefes se desprendieron del Calvario el 19 de febrero, dirigiendo a ese pobre edificio de San Diego, convertido en fortaleza encomendada a Galeana. La columna penetró por el extremo norte de la calle, haciendo un fuego nutrido con sus fusiles y sus cañones; horadó, sin que fuera posible evitarlo, las paredes divisorias de las endebles casa alineadas a uno y otro lado de la calle y aquí en este crucero estaba el cañón que disparó Narciso Mendoza, el Nino Artillero, como se le llamó desde entonces. Por este lado metió Galeana a la plaza, tomándolo por un pie, al moribundo Segarra; por allí se dice quedaron muertos por las balas de los insurgentes, el Conde de Casa Rul y el Coronel Oviedo, cuya pérdida fue muy sensible para los realistas; y toda esta calle, que es conocida con el nombre de Calle Real, y esta plazuela de San Diego, a la que llegó Morelos con su fuerza de auxilio, fue el terreno en que chocaron los dos ejércitos, estando a favor del uno las buenas armas y la pericia militar, y sosteniendo al otro la fe en el triunfo de su santa causa. La lucha fue encarnizada, sangrienta, cuerpo a cuerpo, sin descanso durante ocho horas seguidas, quedando por vestigio de la pelea: en ruinas los pobres edificios, el suelo empapado en sangre y por donde quiera expirantes o muertos a centenares, hombres, mujeres, niños y animales.

               

CONTINÚA EN CUAUTLA PROTAGONISTA EN LA HISTORIA…. 

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