DESCOLGABA LUNAS

 

 

Menos invierno, la tarde se endulzaba en fiestas de flores.

En los campos sus nidos infinitos de corolas y pétalos.

Después, pasos al monte con hebras de hierbas en los dedos

de nosotros , niños deslumbrados de trigos.

Luego  húmedas cortezas desprendiéndose como lenguas

dolidas de olvidos inocentes de murmullos ásperos. Mis vecinos,

eso recuerdo o quiero, sabían repartir las frutas. Para todo había remedio

ahora que la memoria entre esto y aquello se lava por diluvios.

Historias de islas, peces, y casi nada inservible. Caballos

luciérnagas, astros descolgados en charcos, plantas y pies sobre rocíos.

Estrellas cuajadas al centro del río no sabían de corrientes

Juncos de airosos ademanes maquillados de lodo

se tragaban la orillas anheladas por remeros tercos.

¿Qué más? ¿qué menos?, algo es algo, digo, al menos por ahora

en el afán de nombrar lo que sin nombre nunca era agua apagada

silencio necio. Solo besos, besos despeñados hacia los cantos

de las últimas aves, quizá gorrión u hornero, eso que importa

cantos para las últimas luces de las tardes.

 

 

Gerardo Daniel Cirianni

Marzo del 2009

 

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