EL SALÓN DE LA PLÁSTICA MEXICANA INVITA

SE INAUGURA EL CICLO IN MEMORIAM ÁNGEL BRACHO E IGNACIO NIEVES BELTRÁN NÉFERO
 
·         En 1935 Bracho participó en la decoración del mercado Abelardo L. Rodríguez, en la Ciudad de México, junto con artistas de la talla de Pablo O`Higgins, Leopoldo Méndez y Diego Rivera, entre otros.
 
·         La obra de Néfero brinda una visión retrospectiva de más de cinco décadas de trabajo, a través de diferentes temas entre los que predomina el retrato, paisaje, objetos personales y bodegones.
 
 
Conaculta y el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) presenta dentro del ciclo In memoriam, la exposición Ángel Bracho 1911–2005 e Ignacio Nieves Beltrán Nefero 1920–2005, en honor a su labor artística y su aportación como fundadores del Salón de la Plástica Mexicana. La inauguración será el miércoles 3 de junio, a las 19:30 horas.
 
La exposición del maestro Ángel Bracho se conforma por 19 grabados de diferentes periodos, producidos en el Taller de la Gráfica Popular en el que se presentarán imágenes de un México en constante lucha social, exaltando sus logros y la belleza de su cultura.
 
En su amplia producción muestra un interés por los temas políticos y sociales, escenarios de denuncia y desigualdad como en la obra: El puente y el tilichero realizada en 1944, así como retratos de caudillos y adelitas.
 
En las piezas Ferrocarril México-Oaxaca, CTM y la fundación del Instituto Mexicano del Seguro Social, Bracho ofrece una visión positiva sobre el movimiento obrero y campesino de nuestro país y deja al descubierto la sencillez, la belleza de la mujer y la cultura mexicana.
 
Nacido el 11 de febrero de 1911, Ángel Bracho fue hijo de un capitán del ejército y una campesina, cursó cuatro años de escuela primaria y sus primeras ocupaciones fueron múltiples, desde cobrador de camión, ayudante de carnicero, pintor de brocha gorda y peluquero.
 
Su origen humilde y los múltiples oficios que desempeñó lo llevaron a una identificación con las causas sociales. En 1928 inició sus estudios de pintura en la Academia de San Carlos, en un curso nocturno especial para obreros, terminando sus estudios regulares en 1934.
 
En 1935 participó en la decoración del mercado Abelardo L. Rodríguez, en la Ciudad de México, junto con artistas de la talla de Pablo O`Higgins, Leopoldo Méndez y Diego Rivera, entre otros. También fue miembro de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) y participó en esa época en la Sociedad para el Impulso de las Artes Plásticas.
 
De esas brigadas se nutrió de las imágenes que construirían el eje central de su obra: lo mexicano. Ese fue su reencuentro con los campesinos, los obreros y la tierra, de ahí proviene la sencillez que distingue su trabajo.
 
Bracho perteneció a una generación que hizo patente que el motor de México era la cultura más que la política; no sólo eran artistas visuales, sino creadores completos, para quienes el compromiso social se extendía a todas las esferas de su vida.
 
En 1937 participó en la fundación del Taller de la Gráfica Popular, junto con otros grandes artistas como Leopoldo Méndez, Alfredo Zalce, Pablo O`Higgings y Luis Arenal.
 
 
En colaboración con Alfredo Zalce pintó Las luchas sociales en el estado de Puebla, en 1938, y dos años más tarde, publicó el álbum de litografías El rito del sol de la tribu de los huicholes.
 
A decir de los críticos, su trazo era preciso, fino, comparado con el del maestro del grabado, Gustave Doré, además de que sentía fascinación por la sencillez y la elocuencia. Bracho fue un grabador extraordinario con una extensa obra que se reconoce por su calidad y su estilo.
 
En 1966 fue nombrado Catedrático Honorario de la Academia de Diseño y Grabado de Florencia, Italia; expuso su obra en la entonces Unión Soviética, Francia, Italia, Estados Unidos y varios países de Sudamérica. El maestro Ángel Bracho falleció el 1º de febrero de 2005.
 
En lo que respecta a la exposición de Ignacio Nieves Beltrán, conocido como Néfero, se exponen 39 pinturas producidas al óleo y técnicas mixtas sobre tela y madera, que brindan una visión retrospectiva de más de cinco décadas de trabajo, a través de diferentes temas entre los que predomina el retrato, paisaje, objetos personales y bodegones.
 
La obra de Néfero, quién nació en 1920 en el Puerto de Tampico, Tamaulipas, realizó sus estudios en la Academia de San Carlos de la Universidad de México preparándose para un trabajo caracterizado por la fineza de trazos, la expresión reflejada en los rostros, así como la viveza y contrastes de color.
 
 
Trabajó con el maestro Manuel Rodríguez Lozano en su obra mural Piedad en el desierto, en la antigua Penitenciaría de México, Lecumberri, tiempo después expuso en la galería Ariel, en París.
 
 
A lo largo de su carrera, fue reconocido internacionalmente, presentó su obra en numerosas exposiciones nacionales e internacionales entre las que destacan Francia, Perú, Israel y Estados Unidos. Además estudio técnicas arquitectónicas y pictóricas en España, Bélgica, Holanda, Austria, Italia, Yugoslavia, Grecia y Japón.
 
En palabras de Rodolfo Usigli: “la modestia, la sencillez, el valor y la alegría para abordar su obra por el camino más largo y difícil, distinguen a Néfero de sus antepasados y de muchos colegas actuales en ese bosque inmenso de la pintura mexicana que tan a menudo nos impiden ver los ramosos, demagógicos árboles”.
 
“Lo alinea a la gran tradición revolucionaria su limpio amor de los temas y las figuras del pueblo, su culto de esa simbología casi desnuda, y por ello difícil de tocar sin volverla pintoresca, así como vivísima dramaticidad de sus colores”.
 
“Pintor honrado, fuerte, audaz, alegre, gran pintor ya, me impresiona sobre todo en la circunstancia de que toda su obra, aún en los cuadros evocativos de la desolación popular, está hecha bajo el signo de la alegría, simbolizada a menudo en sus cuadros en presencia de palomas o de niños”, finaliza Usigli.
 
De esta forma, el Salón de la Plástica Mexicana realiza un merecido reconocimiento a dos representativos exponentes de la plástica nacional, quienes a través de su obra dejaron testimonio del México de su tiempo, a través de más de seis décadas de producción.

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