Cuando Morelos recordó el Sitio de Cuautla

Cuautla, Morelos.- El Sitio de Cuautla fue un hecho histórico que no tuvo precedentes. Aparte que le dio prestigio militar y de fuerza a la Revolución de Independencia, vulneró el poco andamiaje de credibilidad política que el sistema virreinal pudiera presumir tener.

El sistema colonial se venía al suelo. A pesar de la intensa propaganda gubernamental en gazetas y predicas, la realidad fue clara e insuperable: el Sitio prolongado en Cuautla había desbastado la economía virreinal dejándola en números rojos, el muy presumido y glorificado Ejército del Centro se deshizo, mandando al ostracismo por un buen tiempo a su jefe Félix Ma. Calleja; eso sin contar los múltiples problemas que el virreinato padeció en alimentos, y de salud pública ya que la epidemia de vomito prieto -peste salida del Sitio de las Amilpas-, tuvo magnitudes catastróficas asolando Puebla, el Valle de México, Guadalajara y otras latitudes.

La ineficacia de las armas gubernamentales y la pericia de las filas Insurgentes, dieron el giro deseado para que muchas de las opiniones en duda de criollos timoratos referente a la causa, tomaran conciencia de su deber ser, rompieran el caparazón de la indolencia a distancia y se lanzaran, convencidos, a unirse a la revolución. Principalmente, despertó entre la juventud admiración en Morelos, y sólo hay que mencionar a los que abandonando sus estudios se fueron a enlistarse a las filas independientes: el joven de Tamazula, José Ramón Adaucto Fernández Félix (conocido mejor como Guadalupe Victoria), que estudiaba la carrera de derecho y Manuel Mier y Terán, estudiante en el Colegio de Minería. Era el cura de Carácuaro y Nocupétaro el héroe del momento, y Calleja el vapuleado y desprestigiado de moda.

Gracias a la gazeta gubernamental mantuvo a la sociedad al tanto, con todo y su tendencia a desfigurar los hechos conocidos a través de los partes militares que al Virrey Venegas le llegaban de Calleja, con emoción novelística, de las intensas acciones que ocurrían en Cuautla, y en la Ciudad de México, en el chismarajo de café no se hablaba de otra cosa.

En el campo Insurgente igual, gracias a los periódicos que, de manera casi heroica, se lograban editar gracias a las imprentas que se lograron sacar de la Ciudad Capital, principalmente por los Guadalupes, la quinta columna infiltrada hasta en la mera oficina virreinal. El Ilustrador Nacional, en su edición del 18 de abril de 1812, en Sultepec (Num.2, Tomo I, fol. 5) publicaba: Quautla… se sabe que el valiente, benemérito teniente general D. José María Morelos, ha obtenido sobre el enemigo tantas victorias, cuantas batallas le ha presentado el protervo Calleja, de cuyo ridículo sitio se ha burlado repetidas veces, hostilizando y quemándole sus campamentos a discreción, de modo que aterrado este bárbaro caribe, no se atreve ya a acometer a nuestras invictas tropas. El mismo Excmo. Sr. teniente general con fecha 9 de este, manifiesta a S.M., la bizarría, entusiasmo e intrepidez de sus tropas, y ofrece seguir escarmentando al pérfido Calleja… Y el Ilustrador Americano en su tomo I, Imprenta Nacional, año de 1812, después de contabilizar la pérdida sufrida por Calleja de mil hombres, a la salida de Morelos (al romper el Sitio), señala a manera de no dejar lugar a duda de que en sus partes Morelos decía la verdad: Todo el que conozca la dificultad de esta empresa, semejante a la que hizo inmortal a Cesar, y sepa el extrago horroroso que hacen los valientes costeños en sus enemigos quando usan sus formidables machetes, lejos de creer exagerado este computo debe suponerlo lleno de moderación, aún cuando ignore la veracidad que entre estas virtudes caracteriza al grande Morelos.

Pero los que informaron y conmemoraron el acontecimiento mejor, fueron los actores directos en él. El primero en recordar el rompimiento del cerco, fue el propio Morelos, en una carta fechada el 2 de mayo de 1813, dirigida al gobernador de la fortaleza de San Diego, en Acapulco, D. Pedro Antonio Vélez, donde le volvía a pedir la rendición (la cuarta campaña militar de Morelos específicamente se concretó en el sitio impuesto al castillo), y para que no tuviera aquel duda alguna de que enfrentaba a un ejército hecho y derecho (con todos sus departamentos y efectivos) y de su pericia ya probada, le recordaba: no puedo pasar en silencio que hoy hace un año en que rompí la línea del sitio de Cuautla, y aunque la Gazeta de México dijo la historia al revés, los que la vieron la están publicando al derecho. Dice en su parte Calleja, que entró a Cuautla sin resistencia alguna, después de haber salido de aquella plaza Morelos con su ejército bien ordenado; y como poco antes había dicho y bien: que no podían salir ni las ratas, le faltó al parte confesar que salí por encima de su artillería, como así fue. También, el decir la verdad, que perdió más de tres mil hombres, y que los míos no pasaron de trescientos, inclusos setenta al rompimiento de la línea, y contando apestados y heridos. (Lemoine, Ernesto. Morelos, su vida revolucionaria a través de sus escritos y otros testimonios de la época. UNAM. México. 1965. Pp. 461).

Cuautla nunca dejó de estar en la mente del caudillo, incluso en los momentos más apremiantes, cuando la suerte de la guerra se le volteo en contra tras las derrotas de Valladolid (su tierra natal) y Puruarán. El 25 de enero de 1814, Morelos comisiona al capitán D. José María Larios: … para reclutar gente, y armas en el rumbo de Cuautla de Amilpas y provincia de Chalco he venido en concederle la presente comisión para que en su virtud pase a los Pueblos y Ranchos de aquella comprensión y recoja dentro del término de tres meses cuanta gente y armas se le proporcione ya sean de las partidas sueltas Americanas que vagan sin subordinación, o ya principalmente de las enemigas que nos perjudican; bajo el concepto de que concluido el término señalado se unirá al ejército de operaciones… (Vázquez Chávez, Rafael. Nido de Águilas y Héroes. No conozco alguna noticia sobre el cumplimiento de la comisión de Larios, pero sí de que ya en el México independiente, se volvió un problema para la tranquilidad de la región).

La narración más al punto de las estrategias seguidas en Cuautla, para la resistencia, precisamente salieron de labios del propio Morelos durante sus penosos y tortuosos procesos en sus días, en prisión en la Ciudad de México. En el Interrogatorio de la Capitanía Unida, con la consigna de preguntarle todo sobre el capítulo de Cuautla, Morelos es presionado, y narra cada episodio ocurrido durante el Sitio: A la sexta dijo que en Cuautla entró con mil infantes y dos mil caballos con la circunstancia de que los jinetes de éstos hacían también el servicio de infantería, porque los caballos los hacían salir a pastar fuera del pueblo…

Muchas noticias dadas por Morelos muy posiblemente hicieron cagar agüado al entonces ya virrey Calleja que, a pesar de tener la conseja de los comerciantes cuautlenses, que en su casi totalidad se fueron a refugiar a sus filas y hasta le ayudaron en sus planes de ataque, no dio una en sus operaciones de tratar de derrotar a los Insurgentes: Con estas fuerzas y mil indios de los pueblos contiguos resistió el primer ataque que el 19 de febrero le dio parte del Ejército del Centro que llegó el día antes a aquellas inmediaciones, porque auxiliada ésta de un obús y quince cañones útiles de todos los calibres, la firmeza con que se manifestaba su gente y la resolución del que declara de no abandonar aquel punto y si el defenderlo hasta el último extremo, le hizo sufrir como cinco horas de un fuego vivo por el lado de San Diego y parte de la Tarjea, cuyos puntos, a pesar de ser de los mejores de aquel pueblo, y no haber tomado la tropa los más débiles como eran el de el Platanar y Buena Vista (que entonces no estaba fortificado por el que declara) (Herrejón Peredo, Carlos. Los Procesos de Morelos).

Fue así como Morelos recordó, hasta antes de morir, el hecho de armas que le puso a prueba, con la corona de laurel del genio militar y el prestigio. Si bien no venció definitivamente a Calleja (si el ególatra de Rayón hubiera acudido a su auxilio, otro gallo hubiera cantado), si lo derrotó en las consecuencias y, principalmente, en la memoria de la historia.

El Sol de Cuautla
12 de junio de 2013

Rafael Vázquez Chávez

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