En la literatura

  

Antonieta Rivas Mercado (1900-1931)

 

 

Por Lilia Peralta

 

Cuautla también ha sido refugio de personajes importantes e innovadores. Uno de ellos fue Antonieta Rivas Mercado. Ella solía visitar nuestra ciudad. En 1929 se recluía por temporadas en nuestra heroica e histórica ciudad, o en Cuernavaca, donde ensayaba el arte de escribir con el firme propósito de volverse escritora.

El lugar donde se hospedaba en Cuautla aún constituye un dato que no logro desentrañar; sigo buscando para que logremos reconocerlo… Quizás fue el Hotel Mora, más tarde conocido como Hotel La Paz y demolido a fines de los años setenta para construir el inmueble de un conocido banco ubicado a un costado de nuestra Alameda, y enfrente de la estación del ferrocarril.

Pero, ¿quién era Antonieta? Era la segunda hija del arquitecto Antonio Rivas Mercado. Una mujer inquieta, desde joven muy perseverante y decidida para la época en la cual vivió. Su personalidad fuerte le permitió desafiar a las “buenas conciencias” de su tiempo. Quizás la relación cariñosa y de respeto con su padre le facilitó asumir que lo importante en su vida eran sus deseos, sus pasiones y sus amores. La libertad de ser la llevó incluso a “decidir” cuándo y cómo morir… Fue el miércoles 11 de febrero de 1931, caminó 200 metros por la rivera del río Sena, en París, distancia que la separaba del inmenso atrio de Notre Dame… Antonieta entró, avanzó hacia el altar mayor, se sentó en el extremo izquierdo de la… p r i m e r a  b a n c a,  abrió su bolsa para sacar la pistola que llevaba dispuesta, maniobró el arma hasta que encontró la posición adecuada… luego l a  l e v a n t ó  l e n t a  m  e n  t  e   apuntando el cañón contra la curva izquierda del seno, se le dificultaba sostenerla en las manos. Había inclinado la cabeza y había vuelto a levantarla… La detonación atronó en el silencio mortecino del mediodía… los sonidos se multiplicaron en las bóvedas de Notre Dame… Su cuerpo se deslizó, ante los ojos de Dios. Yacía Antonieta con su corazón hecho pedazos… pero libre al fin…

Habían transcurrido 31 años de una vida intensa, brillante y fugaz. Ella pudo ser la primera escritora moderna de nuestro país. Acaso fueron los recurrentes episodios depresivos, provocados por su azarosa e interesante vida, los que la llevaron a esta decisión final que truncó su vida.

 

Su familia

Hija de Antonio Rivas Mercado, un notable arquitecto que realizó los proyectos del gobierno de Porfirio Díaz y de Manuel González a finales del siglo XIX, y de Matilde Castellanos Haaf, quienes procrearon a sus tres hermanos: Alicia, Amelia y Mario.

Entre las obras monumentales y casas particulares que diseñó su padre, se encuentran: el hoy Museo de Cera de la ciudad de México, su propia casa ubicada en la calle Héroes 45, residencia de mil 567 metros cuadrados, la cual muestra la riqueza de su decoración, conformada por elementos clásicos, moriscos y característicos del art nouveau, en la colonia Guerrero en la Ciudad de México; actualmente el edificio está siendo rehabilitado para albergar la Fundación Conmemoraciones 2010, ac. Don Antonio Rivas Mercado delineó también el emblemático Monumento a la Independencia, conocido como “El Ángel”, que se encuentra en el Paseo de la Reforma.

La vida de Antonieta, vorágine de acontecimientos y desafíos.

En 1913 sus padres se separaron y se desarrolló en la Ciudad de México la asonada que culminaría, después de diez trágicos días de muertes y cañonazos, con el asesinato del presidente Francisco I. Madero, en la denominada “Decena Trágica”, que incendiaría al país por varios años.

A sus 13 años, debido a la separación de sus padres, Antonieta se encargó de la administración de la casa; ante esta nueva situación de responsabilidades, obtuvo, como contraparte, la libertad; tenía entonces 14 o 15 años, iba y venía por la ciudad sin “rendir cuentas” a nadie, viajaba en un centelleante Chrysler a sus clases, a sus conferencias y a sus visitas. Tomaba clases de literatura, filosofía, piano, yoga. Su búsqueda fue intensa y versátil, y algo fuera de lo común para su tiempo y para el ambiente cultural de México.

A principios de 1927 murió su padre, quien le legó la mayor parte de sus bienes y fortuna convirtiéndola en millonaria; sin embargo, dispuso heredar la casa de Héroes 45 a su hermana mayor Alicia, quien junto con su madre Matilde Haaf no aceptó la voluntad de Antonio Rivas Mercado al haberle dejado la mayor parte de su fortuna a Antonieta… Se rebelaron ante esa última voluntad y su primera acción de desacuerdo fue pedirle a Antonieta que desalojara, junto con sus hermanos Mario y Amelia, la casa donde crecieron para, al poco tiempo, alquilarla a unos arquitectos.

 

Amores y desamores

 

Alberto Blair era un ingeniero inglés con quien contrajo matrimonio Antonieta al cumplir los 18 años, él tenía 28. Al poco tiempo, Antonieta resuelve separarse pero Blair no acepta su decisión y, entre discusiones, violencia y tensión, sobrevino el primer episodio depresivo que sufriría y que, después de varios recaídas, le llevaría a la muerte. En 1919 nació el hijo de ambos, Donald Antonio. Finalmente, ella se separa e intenta conseguir el divorcio y una pensión para el hijo de ambos, empresa fallida que le provoca fuertes tensiones y que explican su huida a Francia en el fatídico 1931.

Más tarde, conoce y se enamora del pintor Manuel Rodríguez Lozano, amigo cercano que nunca correspondió al amor que ella le profesaba.

En el agitado año de 1929, conoció al candidato opositor al régimen revolucionario representado por el general Obregón: José Vasconcelos, ex rector de la Universidad Nacional y ex secretario de educación, quien entre una de sus acciones más relevantes promovió la cultura con ediciones masivas de algunas de las más grandes obras del pensamiento europeo y occidental en nuestro país. Antonieta apoyó con decisión y entusiasmo su campaña e inevitablemente se enamoró de él; este amor sí le fue correspondido pero que no tenía futuro porque él estaba casado. El 17 de noviembre de 1929, día de la elección, Antonieta recibió con sorpresa los resultados en Nueva York, apenas eran las once de la mañana y “ya había candidato vencedor”: Pascual Ortiz Rubio, el general michoacano escogido por Plutarco Elías Calles. El maximato continuaba en México.

 

Sus pasiones, el arte en sus diferentes expresiones

 

Antonieta impulsó y creó el Teatro Ulises, una compañía teatral con su propio escenario que mostró una manera diferente del quehacer actoral y que rompió con el teatro comercial de la época; el escenario respondía a una deliberada modificación de la relación entre el actor y el espectador, era un lugar íntimo para 50 espectadores. El Cacharro, como inicialmente le denominaron, se ubicaba en Mesones 42, en pleno centro de la Ciudad de México.

En 1928 inauguró el salón de “baile fino” El Pirata, localizado en la calle de Izazaga, también en el centro de la ciudad. Abría sus puertas cuatro días de la semana, en un horario clásico de las 5 de la tarde a las once de la noche, el cobro de la entrada era de 10 centavos los caballeros y gratis para las mujeres. Las parejas acudían a practicar los compases y meneos del danzón, el tango, el fox y el shimmy

Entre sus múltiples aportes a la cultura se encuentran: el teatro de vanguardia, la la creación y promoción de la orquesta y sinfónica con Carlos Chávez y una obra literaria inusual para lo fugaz de su vida; tenía el irresistible encanto de ser rica, generosa y no le importaba gastar su fortuna en las aventuras culturales en las que creía. Se sabe también que su ayuda fue decisiva para que el eterno joven Andrés Henestrosa pudiera escribir su famoso libro Los hombres que dispersó la danza.

La inteligencia de Antonieta despertaba, entre los hombres, una fascinación que atraía o repelía. Era una mujer que no dejaba sitio a la indiferencia. Era como una amenaza a la vanidad de los hombres, pero también una incitación. Los hombres no eran los únicos en sufrir la atracción de Antonieta, la rodeaba también una corte de mujeres de la alta sociedad mexicana, pendientes de sus palabras y de sus actos. Si bien la admiraban, asimismo era el objeto de sus devaneos, intrigas, calumnias. A diferencia de ellas, Antonieta realizaba lo que sólo se atrevían a soñar…

Antonieta vivió plenamente y con intensidad los acontecimientos familiares, culturales y políticos, padeció y disfruto su corta estancia en este mundo. El haber sido una mujer de vanguardia, con disposiciones intelectuales poco comunes, con sueños que en ocasiones hiciera realidad, puede acaso explicar que recibiera de algunos de sus familiares más cercanos la incomprensión y la indiferencia. Sus restos fueron depositados en 1936 en una fosa común de Paris.

Es de celebrar que el 17 de julio de 2008 se inaugure una magna muestra en el Palacio de Bellas Artes que pretende rendir homenaje a Antonieta Rivas Mercado: mecenas, musa, escritora, periodista, precursora del feminismo en nuestro país. En definitiva, un personaje que influyó en la cultura del México posrevolucionario de principios del siglo XX.

La escritora Fabienne Bradu publicó en 1991 una biografía de Antonieta, publicada por el Fondo de Cultura Económica, Antonieta se encuentra en su octava reimpresión.

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